¿No os molestan, lectores míos y de quien se deje, las personas que preguntan eso?
Algunas lo hacen de forma constante, casi maniática. A todo comentario, opinión o sugerencia que uno emita le responden de esa forma.
-- ¿ Y por qué?
Al principio ese latiguillo me resultó simplemente molesto, como una cuerda desafinada en un acorde guitarra.
Después, empezó a ser irritante, tal cual pone la lavadora a centrifugar al máximo a las once de la noche mi vecina de abajo.
En último término, llegó al punto de convertirse en una exasperación, como los mitines repetidos cientos de veces de los políticos en campaña electoral.
Hasta que encontré la piedra filosofal para solucionar este problema.
Encontré la piedra, la balanceé y la dejé caer sobre cada individuo que osa enturbiar mi existencia con semejante latiguillo.
Ahora enarbolo mi propia honda verbal y les atizo con ella respondiendo:
--¿Y por qué no?
Prueben, prueben.
Utilicen ese sistema durante un par de semanas y les aseguro que sus efectos serán visibles.
Les dejará las conversaciones triviales más libres de latiguillos que los azulejos limpiados con alcohol libres de suciedad.
Lo sé, una es un poco arpía y por eso lo hace. ¡De dónde si no el título de mi blog!
Besos con rimmel.
María, arpía de vocación.